La reforma de las pensiones. Que no te vengan con cuentos de vieja.

Si el problema es demográfico, la privatización no sirve de nada

Marcos Sánchez Muriel

Cada vez vivimos más y la población está más envejecida, de manera que hay más jubilados en relación a la población activa que debe sostenerlos. Esta tendencia va a continuar en el futuro, lo que pone presión sobre los sistemas de pensiones.

La “hucha” de la seguridad social está en números rojos y la deuda pública en torno al 100%, por lo que parece que sin una reforma de gran alcance, el sistema de pensiones público no es sostenible. La solución pasa inevitablemente por un aumento de la edad de jubilación, un recorte de las pensiones y una subida de las cotizaciones. Para compensar todos estos recortes, el ahorro privado deberá incrementarse a través de planes de pensiones y fondos de inversión, de forma que la jubilación con un menguado sistema de pensiones público no suponga un shock para nuestro nivel de vida.

Llevamos ya varios años oyendo esta historia (dos ejemplos: aquí y aquí), y más aún la vamos a oír en los próximos años. Por eso mismo me ahorro aburriros con gráficas, porcentajes y datos repetidos. Es cierto que la crisis demográfica pone presión sobre el sistema de pensiones, pero hay muchos problemas con toda esta narrativa. Habría mucho que comentar, pero voy a centrarme en una cuestión que huele especialmente a chamusquina: la privatización parcial de las pensiones como parte de la solución.

La privatización no soluciona nada

Volvamos al problema fundamental de la crisis demográfica: hay menos población activa para sostener a los jubilados. Si este es el problema, ¿qué mas da que las pensiones sean públicas o privadas?

Se podría argüir: “bueno, si es ahorro privado yo tengo ahí mi dinerito y que salga el sol por donde quiera, por mí como si el Estado revienta”. Pero este argumento tiene muy poco sentido si examinamos el problema con atención.

Llevemos la situación al extremo para verlo con claridad. Imaginemos un país de 1000 personas. 990 se jubilan después haber ahorrado como campeones durante décadas. Cada uno de ellos tiene 10 millones de euros. El resto de la población, 10 personas, son trabajadores. Por muchos millones de euros que tengan ahorrados los 990 jubilados, su nivel de vida depende de lo que esos 10 trabajadores sean capaces de producir. Este es el problema fundamental. Habría una inflación elevada (en este ejemplo tan bruto, elevadísima) por un desplome de la capacidad productiva.

Es más, con una población productiva decreciente, y por una lógica similar, los rendimientos de los planes de pensiones sufrirán. De nuevo, los intereses que los ahorradores se llevan deben salir de la población productiva, y si ésta se reduce tenemos un problema. Para que tú puedas invertir debe haber otra persona dispuesta a aceptar tu dinero (endeudarse) para montar un negocio o lo que sea. No basta con ahorrar para poder invertir, hacen falta oportunidades de inversión, y si escasean personas capaces de trabajar ya tenemos un factor que limita la inversión productiva. Para que veáis que no me invento nada, aquí y aquí tenéis muestras de periodos con niveles record de ahorro al mismo tiempo que niveles mínimos de inversión.

En respuesta a este problema, hay una objeción razonable, que es que el ahorro se puede invertir en países en desarrollo y crecientes. Esta solución, para empezar, depende de que la crisis demográfica no sea una tendencia relativamente generalizada a nivel global. Pero dejemos eso de lado. Imaginemos que somos españoles y trabajamos, ahorramos e invertimos en fondos de inversión que invierten en Nigeria, Indonesia o las que sean las economías en desarrollo del futuro. Obtenemos unos rendimientos decentes (supongamos). Pero volvemos a estar en las mismas: si pretendemos vivir nuestra jubilación en nuestra amada patria, dependemos de la capacidad productiva de la población activa en el momento de nuestra jubilación. Con una excepción relevante: importaciones. Es cierto que podríamos usar lo ganado con nuestro plan de pensiones (que inverte internacinoalmente) para comprar productos fabricados en otros países y compensar ligeramente la caída de la capacidad productiva nacional. Aquí la crisis demográfica nacional importa menos, pero sí que importa porque hacen falta trabajadores en puertos, aeropuertos, carreteras, redes de distribución…

En suma: la crisis demográfica afecta por igual sean las pensiones públicas o privadas.

Qué podemos esperar de la “privatización” del sistema de pensiones

En primer lugar, seguramente será una privatización parcial, un desplazamiento paulatino hacia los planes de pensiones privados en detrimento de las pensiones públicas.

En segundo lugar, no tendrá nada que ver con el liberalismo, con el libre mercado ni con la libertad en general. Será la típica “privatización” neoliberal, un engendro público-privado sin justificación ideológica, con abundantes dosis de intervención estatal y orientado en última instancia a aumentar los beneficios del sector financiero.

Para empezar, si alguna vez se llega a un sistema predominantemente privado, el ahorro será obligatorio; así funciona en los países con estos sistemas. Es decir, no dejaremos que cada cual ahorre lo que le parezca, porque evidentemente eso iba a ser un desastre y no requiere demasiada discusión. Los humanos no somos buenos planificando a largo plazo ni difiriendo el placer, y nos íbamos a encontrar con hordas de ancianos sin medios que deberían ser atendidos de algún modo si no queremos dejarlos morir por las cunetas.

Así que “ahorro” obligatorio. Aquí ya vemos que si el objetivo era compensar por los recortes del sistema de pensiones público, ya vamos mal.  El ahorro obligatorio se parece bastante a las cotizaciones (e igual de coercitivo que los impuestos). Para tanto como esto, podríamos aumentar más las cotizaciones, en lugar de imponer ahorro privado, y aumentar en consonancia las pensiones públicas.

Pero es que además vivimos en una época de intereses cercanos al 0, incluso negativos, y seguramente vaya a continuar así indefinidamente, tal como Japón lleva ya más de 20 años. Es decir, que los rendimientos de las inversiones seguras pueden incluso ser negativos ajustados a la inflación. En consecuencia, los ahorros para la jubilación deben invertirse buscando un riesgo mayor, tal como nos recomiendan desde el suplemento CincoDías de El País, patrocinado por banca y sector financiero. Que los planes de pensiones sean arriesgados ya me parece un fracaso de entrada, va en contra del propósito mismo de las pensiones (por algo hablamos de Seguridad Social).

También dependes de que no haya un crack en la bolsa o una gran crisis financiera. Así que no es cierto que las pensiones privadas sean más fiables que el sector público, y más aún si hay que hacer inversiones de riesgo.

Y, peor todavía, dependes de que si hay una crisis financiera, el Estado intervenga, como hace casi siempre, inyectando barbaridades de dinero en el sector financiero. Por ejemplo, Estados Unidos metió casi 30 trillones solo para salvar el sector financiero. Así que volvemos al sector público una vez más. En lugar de tener al Estado asegurando las pensiones de las personas directamente, tenemos al Estado asegurando los fondos de pensiones privados (como parte del sistema financiero). Así las cosas,  ¿de verdad tiene sentido la privatización de las pensiones? ¿No es un rodeo tremendamente ineficiente para engordar los beneficios que parasitariamente extrae el sector financiero? Y, en cualquier caso, ¿qué tiene esto que ver con la crisis demográfica?

El objetivo del proyecto neoliberal es que te puedas fiar más de que el Estado va a intervenir ilimitadamente metiendo dinero al sector financiero, que para preservar elementos básicos del Estado del Bienestar. Esto es política de principio a fin, y no tiene nada que ver con limitaciones verdaderamente económicas. En la medida en que el proyecto neoliberal triunfe, sí, corre a hacerte un plan de pensiones privado, pero que no te vengan con que es por la crisis demográfica.

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