Historia del estado venezolano

por José Lastra Zorrilla

A principios del año pasado, un nuevo capítulo de la continuada saga de crisis política venezolana ocupó los cabeceros de la industria del comentario y opinión de la actualidad. Este nuevo episodio noticiero, es tremendamente similar a los anteriores; análisis exhaustivos en torno a la miseria y violencia del país que parecen emanar o de un intento internacional de golpe de estado o de la ineptitud de un gobierno cuasi-dictatorial. Este tipo de análisis pueden estar dotados de una gran riqueza y detalle informativos, pero no dejan de ser interpretaciones sintomáticas ya que todos los problemas que acosan al país caribeño ya han ocurrido en el pasado con intensidades variables.

El problema que padece Venezuela es estructural y sistémico, y no uno que radique en un solo gobierno. Para entender esta cuestión no sólo hay que reconsiderar planteamientos y análisis que se centren en el ámbito nacional e internacional, si no que debemos hacer un recorrido temporal remontándonos al momento de la construcción del estado venezolano moderno y su integración en un sistema de intercambio de mercancías globales. Siendo así, el desarrollo de la industria petrolífera global posee una importancia muy relevante, ya que la Venezuela moderna tiene una historia que está completamente ligada a la producción y mercantilización del crudo. Cualquier análisis que no preste atención a cómo la incorporación del estado venezolano moderno en el sistema de producción y consumo global del petróleo, integrado en una economía capitalista mundial, creó una serie de tejidos sociales, políticos y económicos locales pecará de ser corto de miras.

El proceso de construcción del petro-estado venezolano explica la mayoría de las dolencias actuales del país, además de ilustrar cómo aquellas economías periféricas mono-exportadoras dentro del marco de un capitalismo cada vez más globalizado tienen muy pocas posibilidades de desarrollar unos niveles de “calidad” política y económica similares a los de Occidente. Lejos de caer en la estereotípica concepción de la “paradoja de la abundancia”, por la cual la plenitud de un recurso se considera más una maldición que una oportunidad, es necesario conceptualizar porqué en vez de comparar el estado venezolano con Cuba o Corea del Norte sería mucho más útil compararlo con Arabia Saudí, Irán o Libia.

· Consideraciones previas

El uso del término petro-estado hace referencia a aquellos estados que obtienen ingresos por valor a un porcentaje mayor al 10% de su PIB derivado de la exportación neta de crudo. La mayoría de este tipo de Estados se encuentran en el Sur global y funcionan como economías mono-exportadoras mercantiles. Como veremos en los artículos siguientes, los ingresos estatales de rentas petrolíferas hacen verdaderamente difícil que estos países lleguen a desarrollar una industria interna que sea independiente de cualquier actividad referente a estas materias primas. Además, existe una tendencia hacia una mayor autonomía estatal respecto a la sociedad civil en su conjunto. Como la gran parte de los ingresos se obtienen mediante la exportación de crudo y actividades derivadas, en las que el Estado funciona como un administrador rentista, este no tiene que dedicarse a la promoción y arbitraje de una economía local productiva, lo que le deja una posición donde tiene que rendir menos cuentas al conjunto de la «ciudadanía». A esto le sumaríamos el agravante de que a diferencia de otros estados mono-exportadores, el petro-estado obtiene ingresos mayores, ya que la actividad petrolífera demanda menos mano de obra y es fácilmente centralizada, existiendo en la selva del Orinoco, por ejemplo, verdaderos enclaves aislados con un par de cientos de trabajadores. Estas dinámicas internas se ven retroalimentadas por el hecho de que estos estados, como cualquiera que sea exportador, tienen la debilidad de ser extremadamente dependientes del mercado global. Esto implica que cualquier variación en el precio del crudo, que suele ser tremendamente inestable, puede generar consecuencias imprevisibles dentro del país creando un escenario de crisis que pueden tener consecuencias en el mercado internacional, generando una dinámica de retroalimentaciones.

· Entradas

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