No es cuestión de solidaridad europea. La UE y la crisis económica del Coronavirus.

La izquierda no está entendiendo bien las cosas.

Marcos Sánchez Muriel

No es ningún secreto que se nos echa encima una crisis económica de primera magnitud. Las decisiones que se tomen a nivel de la UE para la gestión macroeconómica de esta crisis tendrán una importancia capital sobre nuestro destino material. Es sin duda la batalla política más importante durante los próximos meses, aunque por desgracia todo apunta a que recibirá una atención limitada, puesto que el público prefiere el gran circo de la política nacional, que nos ofrece caras conocidas, emociones, explicaciones causales basadas en rasgos personales, debates absolutamente pueriles, intrigas, drama… En suma, nos ofrece un relato humano e inteligible, y además uno que cuenta con notables atractivos en términos de espectáculo. En comparación, la gris y burocrática UE, con  sus decisiones críticas para nuestro futuro, es un tostón que aburre al personal. Su lenguaje de números y tecnicismos es ininteligible para el grueso de la población.

En cualquier caso, el debate ahora mismo en la UE parece haberse centrado en si habrá o no habrá emisión de Coronabonos, es decir, bonos de deuda conjunta de los países de la zona euro. En términos más abstractos, la izquierda reclama solidaridad europea. Este enfoque no es solo estratégicamente erróneo, sino también erróneo a secas.

Veamos primero por qué es erróneo a secas. La cuestión es que el Banco Central Europeo se acomode a los déficits que sean necesarios para combatir la crisis, y para ello solo tiene que comprar tanta deuda pública como sea necesario. El Banco Central de Inglaterra ya ha anunciado que financiará directamente al gobierno y, de modo similar, Japón, un país con una deuda pública récord que alcanza el 250% de su PIB, ha anunciado un estímulo de 1 trillón de dólares (al cambio, evidentemente, ellos usan yenes), que aumentarán aún más el déficit y la deuda. Japón lleva 20 años en esta dinámica, por cierto, y no ha descendido en el caos hiperinflacionario. Al contrario, llevan décadas intentando alcanzar un mínimo saludable de inflación, pero no lo terminan de conseguir. También Estados Unidos está aplicando estímulos y su deuda seguirá aumentando. No voy a entrar ahora en la explicación teórica de por qué el miedo a los déficits y la deuda pública es algo absurdo (una primera aproximación es este tema es este otro artículo mío, y espero escribir otro más en algún momento), pero estos ejemplos deberían servir para ver que hay algo serio que falla con la ortodoxia neoliberal sobre los déficit.

Así pues, lo que deberían hacer los gobiernos de España e Italia es gastar tanto como sea necesario para atender la crisis sanitaria, para apoyar a la población que lo necesite y más adelante para impulsar la demanda agregada, cuyo desplome nos llevaría de otro modo a un escensario de depresión económica. Al final de año, habrá un déficit muy abultado, pero mientras el BCE compre nuestros bonos de deuda esto no es más que un numerito. Que un gobierno deba al Banco Central es tan inconsecuente como que tu mano izquierda le deba dinero a tu mano derecha, son dos ramas de lo público, del gobierno si se quiere. De hecho, los Bancos Centrales «devuelven» a las tesorerías lo que ganan en intereses.

¿Dónde está la solidaridad europea aquí? ¿En qué momento un holandés o un alemán han tenido que quitarse un euro del bolsillo para dárnoslo a nosotros?

No es una cuestión de solidaridad, y plantearlo en esos términos es además un error estratégico grave por parte de la izquierda. Caen en la trampa del marco neoliberal. Cuando la izquierda del sur pide solidaridad, la gente normal y corriente del norte tiende a interpretar, de manera razonable, que les estamos pidiendo dinero, y claro, no quieren. Entonces los partidos neoliberales del norte solo tienen que asegurarles que no nos van a dar ni un euro y ya tienen contento a su electorado. Es difícil imaginar que fueran a permitir otra cosa, no les conviene en absoluto.

Un trabajador a Rutte, primer ministro de Holanda:

“Por favor, no les des dinero a los italianos y españoles”

Rutte: “No, no, no!”

Risas y un pulgar hacia arriba.

A la izquierda, por supuesto, le encanta reclamar solidaridad siempre que tiene ocasión, es uno de esos significantes vacíos (o como quiera que se les llame ahora en los ruinosos círculos intelectuales de izquierda) a los que se agarra cabezonamente. Si puede plantear un problema en términos de solidaridad, lo hará, sin pararse a pensar siquiera si realmente es una cuestión de solidaridad. Y esta vez no lo es, leñe.

No pretendo, ni mucho menos, que esta crisis se vaya a solucionar únicamente con gasto público y déficits. Al contrario, a buen seguro la reconstrucción económica va a ser una tarea harto dificultosa. Pero permitir el gasto público y los déficts necesarios es un punto de partida ineludible para empezar siquiera a discutir como abordar la crisis, como por otro lado están demostrando todos los países avanzados salvo en la zona euro.

Es cierto que no es tan fácil como dejar que el BCE compre toda la deuda necesaria. Los tratados y leyes de la UE prohíben este tipo de actuaciones y fijan todo tipo de restricciones autoimpuestas sobre los niveles de déficit, deuda pública y actuación del Banco Central. Se trata de limitaciones legales autoimpuestas, como el propio BCE las califica en un comunicado reciente, y son tan disfuncionales que ya hubo que saltárselas en la anterior crisis porque no había más remedio.

¿Por qué existen entonces estas limitaciones legales, si son tan disfuncionales? Porque son el medio para imponer la agenda neoliberal a los países. “Tu déficit es superior a x, tienes que recortar en sanidad y educación, dejar paso a lo privado, y si no el BCE deja de respaldar tu deuda. La ley es la ley.”

Está claro que el problema son estas limitaciones legales, y a ellas debería enfrentarse la izquierda. Es más, cualquier persona que se preocupe por el interés de nuestro país y por nuestra soberanía debería unirse a esta lucha.

Por desgracia, esta lucha ni siquiera está sobre la mesa en la UE. Lo único que está sobre la mesa son condiciones a corto plazo y de carácter excepcional ligeramente más favorables para afrontar la crisis inmediata. Pero la premisa de que después se ha de volver, más pronto que tarde, a las normas de la UE, es decir, a la austeridad, no se cuestiona.

El futuro de nuestro país en tal situación es muy, muy negro. Ha llegado la hora de pensar en salir del euro para recuperar la soberanía monetaria básica que nos permita tomar las actuaciones necesarias para empezar siquiera a combatir esta crisis. Dejar el euro es mucho menos complicado y traumático de lo que se suele pensar, aunque esto lo dejo para otra ocasión.

Nota:

Del comunicado del BCE: “To the extent that some self-imposed limits might hamper action that the ECB is required to take in order to fulfil its mandate, the Governing Council will consider revising them to the extent necessary to make its action proportionate to the risks that we face.”

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